
Reflexiones sobre música académica y popular: Oscar Olmello expuso en la Cátedra Libre de Musicología
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La Cátedra Libre de Musicología de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes tuvo el lujo de contar con la presencia del destacado músico e investigador Oscar Olmello. El notable guitarrista arribó a San Juan para dictar una de las conferencias en esta cátedra y además, para presentar su libro “La guitarra clásica en el Río de la Plata. Poética y poder de Tárrega a Segovia”. Noticias FFHA dialogó con él.
“La invitación vino de parte de Graciela Musri y Luis Melicchio para ser parte de la Cátedra Libre de Musicología. Y se juntaron dos cosas, la presentación de mi libro, y algo que armamos con Luis, que vendría a ser la presentación para un congreso de algo que nos interesa a ambos que es el nacionalismo musical, es decir la introducción en la música académica de elementos provenientes de la música popular folclórica. En mi caso, más que presentar el libro voy a hablar de cómo hice mi tesis de doctorado, que el libro es consecuencia de esa tesis”, contó Oscar.
El trabajo de Olmello fue sacar de la tesis toda la parte académica formal y volcar el resto en un libro. “Hablamos de un nacionalismo no canónico alternativo que lo simbolizamos en dos figuras: la de Manuel Gómez Carrillo que fue su tema de toda la vida y el mío de la maestría Abel Fleury. Es el comienzo de algo que creemos que nos va a dar trabajo”, explicó.
Esta es la primera vez que Óscar visita San Juan, aunque por las conversaciones con Luis, conoce cómo se trabaja musicalmente en la provincia. “Hablamos mucho de su inserción en el mundo académico de San Juan y me comenta cómo, él siendo piano acompañante, las obras que tocan y todo eso. Entonces pienso ‘tienen un nivel bárbaro’, porque no tocan cualquier cosa, es decir distintos instrumentos, con lo cual es evidente que hay un nivel musical muy relevante. La música académica también tiene que ofrecer un nivel, una excelencia, porque los que triunfan en la música popular en general también tienen un nivel de excelencia, es decir inclusive un nivel de producción y evidentemente acá se da”, afirmó.
Para Olmello la frontera entre la música académica y la música popular es difusa. “Hay un pianista chino que se presenta como un rockstar y cuando fue a los Juegos Olímpicos de Beijing bajó tocando el piano al estadio en el acto inaugural. Y Gustavo Dudamel, uno de los directores más importantes, tocó en la inauguración del Mundial, ahora, vos buscas cualquier obra sinfónica importante, lo pones en Youtube y te va a aparecer Dudamel dirigiendo una de las tantas orquestas que dirige; actualmente es titular de la Orquesta de San Francisco, es decir, las fronteras son muy difusas, incluso en algunas cosas acartonadas de la música académica. Ví un espectáculo por tele en el cual tocaban una sinfonía de Mozart y después pasaban a otra cosa, después seguían con esa sinfonía, mezclaban canto y orquesta de cámara, eso hace 30 años estaba prohibido, hubiera sido condenado”, señaló.
Oscar cuenta que Manuel Massone, notable músico argentino, estudió en Estados Unidos en la década del 70. Hizo algunos conciertos y puso en el programa la obra de un compositor argentino que en la música académica introduce la música popular, la suite de Buenos Aires de Sáenz y entonces lo presentó. Había una sociedad que manejaba esa sala, pero era una sala importante y le dicen que presente a Sáenz, le pidieron la partitura, vieron que era algo parecido al tango, y se lo objetaron, tenía que tocar Lee, Chopin y lo que tocaba también la sonata Concord, que es una especie de pope de la música académica norteamericana y él les dice “pero cómo, si es como Gershwin” y le contestaron que ellos no aceptaban a Gershwin.
“Eso empezó en la segunda mitad del siglo XIX asociado a movimientos nacionalistas en general en algunos países de Europa, pero está relacionado con cosas más profundas, con el romanticismo, con volcarse a lo tradicional, a lo popular, eso fue gestando un movimiento que se caratuló nacionalismo musical, pero es lenguaje académico europeo con diferentes niveles de impregnación de la música popular. Para algunos el nacionalismo musical era ponerle un título y después ponían la música que querían, otros hacían una cosa más profunda”, dijo.
“En el libro yo me ocupo de la aceptación de la guitarra como instrumento académico en la primera mitad del siglo XX y un hito de aceptación fue que se premió a una obra de un guitarrista, que tenía un nacionalismo musical en donde lo popular ingresaba a la estructura de la obra. Él hizo algo más profundo: usó una escala americana impregnando toda la obra, que está estructurada en torno de esa escala americana que además fue descripta por Carlos Vega como una de las de las escalas características de América”, agregó Oscar.
Ese nacionalismo de Gómez Carrillo del cual Olmello habla, había prendido también y había otros ejemplos. “Fleury ya hacía música académica, pero había estudiado con payadores. Su madre era payadora, guitarrista popular, no sabía leer música. Y después empezó a acompañar a recitadores criollos y estudió con Honorio Siccardi, un compositor muy importante, que había estudiado en Italia, y luego estudió con el maestro de guitarra más importante, Domingo Prat. Allí sintetizó un poco como Gómez Carrillo, que estudiaba música clásica, pero todos sus amigos que hacían música un día le dicen ‘¿por qué no tocas una chacarera? dejate de embromar’”, comentó entre risas.


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